Rosario Troncoso González
(Cádiz, 1978)
Profesora de Lengua y de Literatura, colabora habitualmente en diversos medios de comunicación como Onda Cero de Cádiz. Articulista de opinión en medios digitales como Jerezania.com y Diario Bahía de Cádiz. Es, además, directora de la revista literaria y cultural "El Ático de los Gatos". Editora en Dos Mil Locos Editores. Gestora, dinamizadora cultural e imparte talleres de literatura.
Ha
publicado los libros de poemas: “Huir de los domingos” (Sevilla, 2006),
“Delirios y Mareas” (Publicaciones del Sur, 2008), “Juguetes de Dios” (CVA Ediciones, 2009), “El
Eje Imaginario” (Ediciones en Huida, 2012), “Fondo de Armario” (Los Libros de
Umsaloua, 2013).
Su último poemario es "Transparente" (Ed. La Isla de Sistolá).
Su último poemario es "Transparente" (Ed. La Isla de Sistolá).
Coordina la antología de poesía escrita por mujeres Nube. Un mar de mujeres. Personal antología (Ediciones en Huida, 2013). Es asimismo autora de la adaptación didáctica de La Celestina (Editorial AE, 2009). En 2012 obtuvo el accésit en el XV Premio de Poesía del Ateneo de Sanlúcar de Barrameda por la obra Reconstrucción. Ha impartido talleres literarios en el Centro Penitenciario Puerto III. Articulista en prensa escrita y medios digitales (El Independiente, Cádiz Noticias, Diario
Bahía de Cádiz y Jerezania.com).
¿De qué le salva la poesía?
La poesía
salva de la muerte, siempre. De la peor muerte que hay, la que te deja con
vida, respirando, en medio del orden de los días idénticos, en la rutina que
ahoga, en el ruido y el abatimiento. La poesía salva del “diario morir” que
diría Sabines.
Los que aman
la poesía, lo saben. Lo sabemos.
Es la cura
para el vacío, para la mediocridad.
A mí me
salva, y me libera, leer lo que los poetas dicen y sienten, es un bálsamo,
aunque escribir poesía, o intentarlo, duele.
¿Un verso para repetirse siempre?
Hoy es siempre todavía, de Machado.
¿Qué libro debe estar en todas las
bibliotecas?
No podría
hablar de un solo libro, de un solo autor. En todas las bibliotecas ha de haber
mucha poesía, y al alcance de todos, los clásicos. También un buen surtido
nutritivo de poetas “vivos”, como alguna vez me piden mis alumnos, que por qué
no leemos a poetas que no lleven enterrados un par de siglos, por ejemplo.
Poesía viva, de ahora, que conecte con las inquietudes de los jóvenes. Pero
ojo, poesía de la de verdad, de la buena.
Pero soy
feliz al tener a la vista en la biblioteca, y a mano, cualquiera de Machado,
Juan Ramón Jiménez, Nicanor Parra o Pedro Salinas.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el
gran tema?
Todos. Pero
creo que es el paso del tiempo el más urgente. Lo arrastra todo, el amor, la
vida, e incluso la muerte, que también pasa, nos pasa.
El dolor, la
incertidumbre, el desconcierto…
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
La más
difícil de todas las preguntas. Hay tantos versos que quisiera haber escrito
yo, y la envidia me corroe…
Cualquiera
de Felipe Benítez Reyes en Las Identidades. Me parece un libro redondo, con
fuerza, con imágenes muy potentes. Y cualquiera de cualquier autor de los que
he citado.
También los
hallazgos en poetas nuevos y desconocidos, me ilusionan y me destrozan, porque
ya se me han adelantado.
¿Escribir, leer o vivir?
Vivir, sin
duda. La cuestión es no saber vivir sin leer. Escribir puede ser una
consecuencia de la lectura, y de la vida.
¿Dónde están las musas?
Aquí,
contigo y conmigo. En el impulso de crear.
¿Qué no puede ser poesía?
Carne de
diván, el desahogo, el despecho, un encargo textual para una boda, unos versos
forzados con técnica y sin sangre, o viceversa.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Acabo de
disfrutar y reseñar la antología personal de José Luis Piquero para La Isla de
Siltolá, “Cincuenta poemas. 1989-2014. Antología Personal”. Es un poeta
hiriente y fascinante.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
No sé si
sería mejor. Seguramente sí se reflexionaría. Al mundo le cuesta contar hasta
diez antes de autodestruirse. Con el recogimiento que necesita
Tres autores para vencerlo todo.
Antonio
Machado, Juan Ramón Jiménez y don Nicanor.
Y añado tres
autoras: Virginia Woolf, Raquel Lanseros y Gabriela Mistral.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Todo, depende del lugar, de las circunstancias, del momento.
Particularmente soy de lápiz o bolígrafo, y servilletas, sobres de propaganda o
facturas de la luz que andan repartidos por casa. Escribo en cualquier sitio, y
cualquier cosa me sirve, incluso el delineador de ojos.
Aunque ahora, con el Smartphone se pueden hacer
maravillas.
A la hora de poner en pie un libro, o un proyecto
de libro, por supuesto, el ordenador.

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