ARIADNA BATISTA
(Tenerife,
1996)
Aunque ha vivido mucho tiempo en Tacoronte, en Tenerife, actualmente vive en La Laguna. Cursó el Bachillerato de Artes escénicas, donde participó en obras de teatro y comenzó a participar en recitales poéticos. Actualmente estudia Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna y forma parte de la Agrupación de Teatro de Filología.
¿De qué te salva la poesía?
La poesía no me salva de nada
ni de nadie: la poesía es para mí una ducha de verdad.
Para lo único que me sirve es para poder entender cómo es posible que gire
este mundo como gira… incomprensible.
¿Un verso para
repetirse siempre?
“soy el capitán de mi destino”, William Hernest
Henley. No es que sea un verso inspirador para mi vida o mi
forma de entenderla, simplemente este poema guarda un recuerdo muy valioso para
mí. Fue el primer poema que comprendí, que me dejó ver y releer entre sus
líneas y que me dejó marca en su lectura.
De cierto modo me abrió las puertas a la luz.
¿Narrativa, teatro,
ensayo… o sólo poesía?
Teatro y poesía. El teatro se
convierte en el eco social de un grito poético, en una
experiencia táctil y carnal de un pensamiento puro. Para mí, dos grandes compañeros de viaje que me
ayudan a encontrarme, a deleitarme con sus palabras, con sus voces.
¿Qué otras disciplinas artísticas practicas?
Hablaba antes del teatro como disciplina
expresamente literaria, como una experiencia textual, incluso técnica (bajtiana).
Pero lo orgásmico de todo esto es, como todo… practicarlo. Subirse a
un escenario y jugar a disfrazarnos de otras personas, poseedores de otros
valores, de otros mundos, de otros cuerpos: una reflexión electrizante. Al fin
y al cabo todo el mundo piensa que los actores se visten de ficciones, pero en
el fondo no son más que ropajes de verdad.
¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?
No lo sé. De verdad, no lo sé.
Fue un proceso evolutivo partiendo de la
lectura y la comprensión de otros poetas. A medida que atisbaba la
poesía en versos ajenos, iba encontrando mi
camino. Iba entendiendo lo que quería hacer y cómo lo quería hacer.
¿Qué crees que define tu obra?
Me queda mucho camino para poder contestar
esta pregunta.
¿Crees que existe en
las islas un estilo propio, una manera particular de hacer poesía?
Hace poco hacía con unos compañeros de clase un
trabajo que cuestionaba esto mismo. Tras reflexiones sobre la “atlanticidad” o sobre el concepto de
“literatura hecha en Canarias o de
Canarias”, mi conclusión personal es que nada
delimita a nada pero sí que lo influye o puede influirlo. Unas islas
volcánicas, un mar azul, incluso las entradas y
salidas de distintos tipos de artes en el archipiélago (como la
importancia del surrealismo), son fuentes de influencias para un escritor
canario. Al igual que es para la literatura maya o azteca la presencia de la
naturaleza como símbolo, o la nieve y el frío para un
esquimal.
¿La poesía está de
moda?
La poesía está de moda, sí. Lo que no es un
producto tan fácil de vender es la conciencia poética.
¿Crees que faltan
referentes en la poesía?
No faltan. Falta descubrirlos, leerlos,
entenderlos; crear referencias hacia los referentes para que no sean solo
nombres en una antología. Sin embargo, desde mi punto de vista,
donde realmente hace falta aunar es dentro de las poéticas nuevas,
actuales, las poéticas que nos acompañan. De esta forma,
establecer una línea bidireccional que mire al pasado para
entender y nutrir al presente.
¿Qué pretende uno cuando escribe?
Lo mismo que se pretenden cuando uno vive.
La poesía social pretendía cambiar el mundo, la
purista pretendía alcanzar la verdad… Las pretensiones artísticas son propiedad
de cada texto, de cada poeta y no se pueden generalizar ni sintetizar en una
sola.
¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Las bibliotecas deben ser una cuna infinita
del saber y no se puede restringir a una lista de libros, y mucho menos, a uno
solo. Debe pasar por todas las épocas y estilos para concebir un
conocimiento universal de la literatura: desde Baudelaire hasta Cecilia Domínguez, desde Cervantes
hasta Cortázar, pasando por los caminos de Beckett
y los refugios de William Blake.
Convertirse en laberintos del encuentros para los que se encuentran perdidos.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?
Si escogería un gran tema, sería aquel que por solo
nombrarlo se hable de todo lo demás.
¿Qué verso de otro querrías haber escrito?
No podría elegir un solo
verso, pero desde luego creo que hay unos que me definen bastante bien, o por
lo menos mis intenciones literarias:
“busco
el término huidizo.
La expresión inestable
que signifique, exacta, lo que eres”.
Ángel González, mi faro poético.
¿Escribir, leer o
vivir?
¿Dónde están las musas?
En cualquier espejo,
en cualquier reflejo mental que nos deslumbre la realidad. No creo que exista
ninguna especie de detonador de creatividad, simplemente son impulsos que
aparecen a medida que vamos caminando.
¿Qué
no puede ser poesía?
Todo aquello que no
tengo conciencia artística y poética.
¿Cuál es el último poemario que has leído?
Estudio filología hispánica y muchas de mis lecturas son a causa de
mi trabajo académico. Así que si no recuerdo mal, mi último poemario leído (por voluntad propia) fue un regalo de cumpleaños maravilloso: Antología poética de Francisco Casanova. Una obra que
recopila poemas de diversas etapas del autor y que, aunque ya había leído gran parte de su obra, merece la pena
perderse por la infinidad artística de su mente.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
se esperaría sentado a sí mismo. Conoceríamos los entresijos de la vida, de la existencia, y
solo sería cuestión de tiempo llegar a conocernos por completo.
Tres autores para
vencerlo todo.
Ángel González para despertarse, Aníbal Núñez para pasar las horas de sol y Felix
Francisco Casanova para perderse en la oscuridad de las letras.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Me es indiferente, solo necesito escribir.

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