CONSTANTINO MOLINA
(Albacete, 1985)
(Albacete, 1985)
Abandonó los estudios de Licenciatura en Humanidades en el año 2006 y desde entonces ha trabajado en muy diferentes puestos de empleo que nada tienen que ver con la labor literaria (repartidor de guías telefónicas, pintor, camarero, ferrallista, jardinero, empleado en tiendas de deportes y empresas de manufactura). Su primer libro, Las ramas del azar, ha sido galardonado con el “Premio Adonáis 2014”. Algunos de sus poemas también han sido recogidos en diversas antologías y revistas literarias, como en nuestro Número UNO de La Galla Ciencia. Es colaborador en el suplemento cultural de Abc Castilla-La Mancha.
En mi caso de
vivir a medias.
¿Un verso para repetirse siempre?
“Yo no digo
mi canción/sino a quien conmigo va”. Romance del conde Arnaldos. Por eso de no
creerse imprescindible o profético...
¿Qué libro debe estar en todas las
bibliotecas?
En las
públicas cualquiera de Rafa Chirbes , de Alfons Cervera o de Marta Sanz. En las
privadas “Tres tratados de armonía” de Antonio Colinas o “Perros ahorcados” de
César Simón.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el
gran tema?
Diré la vida,
que engloba al resto, pero siempre con la perspectiva puesta en eso otro que no
es vida: el vacío y la nada.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Ninguno. Lo
que sí me hubiera gustado es cantar como Camarón o El Niño de Elche.
¿Escribir, leer o vivir?
Todo junto.
La creación literaria, aunque sea un oficio solitario, genera acción y
viceversa. Apoltronarse como un ectoplasma pensante y salir a la calle con cara
de sabio iluminado y embobado no es lo
mío.
¿Dónde están las musas?
Ni idea. Lo
de las musas es una expresión horrorosa que hace referencia a la mujer como
elemento en segundo término dentro de la creación. Algo como la costilla de
Adán, que tiene que ver con el servicio al género masculino. Una pregunta más
necesaria sería: ¿Dónde están las poetas?
¿Qué no puede ser poesía?
Nada. Pero
también todo lo que sea susceptible de definirse mejor en otro género. Antes de
ponerse a trabajar en un poema hay que plantearse la existencia y la
posibilidad de la narrativa, el ensayo, el artículo, el diario íntimo, la
canción o los psiquiatras. Los lectores de poesía lo agradeceríamos.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
He releído
“Devocionario” de Ana Rossetti.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
El mundo
sería el mismo, pero sospecho que algo raro y preocupante estaría pasando en la
poesía.
Tres autores para vencerlo todo.
Claudio
Rodríguez, Houellebecq y César Simón, por ejemplo.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Primero papel
y Pilot negro de 0,4. Después teclado.

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