Antonio Cruz
Almería,1978
Antonio Cruz Romero (María,
Almería 1978), es un narrador y traductor casual, aunque esencialmente poeta.
Ha cursado estudios de magisterio, música, así como un máster en ciencias judaicas.
Es autor del libro de relatos Cuentos
macabros ilustrados, de la novela El banquete. Crónica de un
ajusticiamiento, y de los poemarios Poemas apócrifos. Los hijos malditos
de Job, la inclasificable (Breve) Antología del Epitafio Maldito, Hay una
luz remota (plaquette cuyas composiciones giran en torno a la figura y
poesía del poeta José Ángel Valente), y Grecia: Guía de viaje para
antipoetas y soñadores, galardonado con el 2º Premio del Concurso de Poesía
«Letras Cascabeleras» (Cáceres). Su última obra es un ensayo y traducción
titulado Poesía experimental de los cincuenta en lengua neerlandesa.
La revista de poesía La Galla
Ciencia publicó en su número CU4TRO (octubre 2015) algunos de sus poemas en
una treintena de páginas bajo el título «El hierro de la lengua marchita». Ha
traducido y antologado al poeta norteamericano Robinson Jeffers, al flamenco
Hugo Claus, así como al poeta y novelista neerlandés J. J. Slauerhoff, con una
antología poética y una edición crítica de su novela modernista El reino
prohibido.
Algunos de sus artículos y poemas
han aparecido en diversas publicaciones digitales y en papel: El Patíbulo,
La Galla Ciencia, El coloquio de los perros, La Voz de Almería,
Fábula, Carátula, revista cultural centroamericana (Nicaragua), El
Humo (México), Revista Galáctica (Colombia), o Cuadernos de Humo (EE.UU.).
Es el fundador y editor de la revista Ravenswood Magazine, y su blog
literario lleva por título Sobre filias y fobias literarias.
¿De qué le salva la poesía?
No sé si me
salva, ni si salvará a otras personas de manera física o quizá psíquica, pero a
mí me ayuda para poder expresarme, es como un código con unas formas distintas,
un lenguaje diferente con el que poder decir lo que siento e intentar
explicarme dentro de mi propia incomprensión existencial; con otro más
convencional me sería mucho más complicado hacerlo.
¿Un verso para repetirse siempre?
¡Hay tantos,
y tan variados! Ahora escogería uno, y media hora después puede que otro: de
Eliot, Homero, Valente, Trakl, Slauerhoff, J. L. Panero, Roger Wolfe, Rimbaud,
Baudelaire, Rosillo, Hugo Claus, Whitman, Machado, Biedma, Pound...
Esta noche
me quedaría con este verso de Hilario Barrero:
Saber que
eres mi tierra y mi mortaja.
¿Qué libro debe estar en todas las
bibliotecas?
Preguntado
así resulta complejo y doloroso, pues preferiría no tener que escoger uno solo,
pero puede que La Odisea, de Homero, que contiene todo cuanto uno se
encuentra en la vida: aventura, amor, traición, muerte; siguen siendo temas
totalmente contemporáneos y siempre los serán.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el
gran tema?
Para mí sólo
existen dos grandes (y verdaderos) temas en la poesía antigua y en la actual:
la muerte, y el amor; el resto son sucedáneos de uno u otro, e incluso de
ambos.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Desearía
haber escrito miles. Escojo una serie de hermosos y oscuros versos de Trakl.
Cito de memoria:
Sobre
negra nube, tú / cruzas ebrio de opio / el estanque nocturno, / y todo el cielo
estrellado.
¿Escribir, leer o vivir?
Se podría
vivir sin leer ni escribir, pero no sería una vida completa ni placentera. Hay
momentos para escribir, y otros para leer, pero lo uno lleva a lo otro; es un
proceso recíproco, lo que me recuerda a la frase de Bolaño: Hay momentos
para recitar poesía y hay momentos para boxear.
¿Dónde están las musas?
Eso me
pregunto yo en muchos momentos. En ocasiones, un buen poema origina que las
musas aparezcan, y también un buen vino. Yo soy más prolífico con alguna
situación personal dolorosa que con otra que no lo sea. Mala suerte, soy un
pesimista casi por vocación.
¿Qué no puede ser poesía?
Resulta
complicado decir qué es y qué no es poesía. Hoy en día los caminos de la poesía
están menos definidos y son más difusos que en otros tiempos. Se puede escribir
de todo, hasta de las cosas más banales, insignificantes, y cotidianas, como
hacen Simic o Wolfe —excelentemente bien, por cierto—, pero por ejemplo la
ordinariez no casa con la esencia poética, no puede ser poesía, ni los
eslóganes que venden (en todos los sentidos) como si fueran poesía, tampoco
pueden serlo.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
Suelo leer
dos o tres por semana, y en la última he releído Actos de amor, de
Antonio Praena, un poemario del flamenco Paul Snoek, y El libro de la
misericordia, de Leonard Cohen.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
El mundo
sería más o menos igual, quizá más proclive al buen gusto y a una estética más
cuidada, puede que algo más crítico, pero no me hago ilusiones: soy escéptico
en que exista algo que cambie el mundo de manera eficaz, ni tan siquiera con la
poesía... acaso con una asignatura obligatoria de poesía, desde educación
primaria...
Tres autores para vencerlo todo.
T. S. Eliot,
José Ángel Valente, y Ezra Pound.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Siempre
papel y lápiz. Decenas de papeles numerados para componer un poema, y al final,
sólo al final, el teclado del ordenador. Pero durante el proceso creativo del
poema, éste lo escribo sobre cualquier papel que tenga al alcance: tickets de
compras, facturas, extractos del banco, folios; eso sí, siempre numerados, y
más tarde me deshago de todos, y si es invierno me gusta quemarlos en el fuego
de la chimenea.

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