Annie Costello
Murcia, 1992
Annie Costello nace en Murcia en 1992 y escribe desde que puede recordar. Es su vocación, su obsesión y su salvoconducto. Mientras, estudia Historia del Arte en la Universidad de Murcia y este año en Leeds (Reino Unido). Sus poemas y artículos han aparecido en diversas antologías, fanzines y medios digitales. Ha escrito el poemario Catábasis (Raspabook, 2016) y la plaquette Huérfanos (ad minimum, 2016).
¿De qué le salva la poesía?
¿De qué no me salva? He escrito desde siempre, pero mis poemas
empezaron en una etapa concreta, a partir de algo que necesitaba aliviarse, curar.
Ahora ya no se limita a eso –escribí, publiqué mi primer libro, terminé aquella
etapa–; pero la poesía sigue siendo una tabla de salvación. Contra la
enfermedad, el amor o la soledad, pero también contra las realidades incómodas,
el proceso de abrir los ojos, el mundo del que soy culpable.
¿Un verso para repetirse
siempre?
Sólo los dulces heredarán la
Tierra.
(Mía Gallegos)
¿Qué libro debe estar en todas
las bibliotecas?
Bueno, creo que cada persona tiene sus libros imprescindibles. Sólo
puedo escoger los míos. Diré dos: uno es La
insoportable levedad del ser, de Kundera, pequeña gran introducción a todo.
El otro es Harry Potter. A mis casi
veinticinco años, aún defiendo los beneficios de creer en la magia, aunque sea
durante el tiempo que dure una lectura. Y a esa historia, con la que crecí, le
tengo un cariño infinito.
Amor, muerte, tiempo, vida…,
¿cuál es el gran tema?
Con la mirada adecuada, incluso lo más trivial es un gran tema.
¿Qué verso de otro querría
haber escrito?
Demasiados. Selección, de
Emily Dickinson:
De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.
¿Escribir, leer o vivir?
Para mí, lo primero es síntoma de lo último. La escritura se me hace,
a veces, afirmación de supervivencia: si escribo es que sigo aquí, que todavía
no me he rendido.
¿Dónde están las musas?
Allí donde decidas poner tu atención.
¿Qué no puede ser poesía?
Me gusta pensar que todo tiene cabida en la poesía, incluso aquello
que en la vida incomoda, duele o inspira rechazo.
¿Cuál es el último poemario que
ha leído?
Los poemas de Jim Morrison.
Si todos leyéramos versos, el
mundo…
Quizá despertaría.
Tres autores para vencerlo
todo.
¡Muchos! Tolstoi, Eugenides, Maillard… Nothomb, para reír.
¿Papel y lápiz, teclado o
smartphone?
He empezado muchos cuadernos,
pero en el día a día me vence la prisa y al final acabo con el móvil lleno de
notas. Luego, claro, me siento a ordenarlas y trabajarlas, pero en general todo
empieza así: una idea fugaz y un parpadeo de pantalla.

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