Beatriz Miralles
(Murcia, 1985)
Ha publicado el cuaderno Y todo es silencio (2013) y los
poemarios en volúmenes colectivos La
soledad del hombre isla (2010) y 500
micrometros: El lugar de cuerpo en vano (2008). También ha aparecido en las
antologías: Ni pena ni miedo: Poesía 3.0 (Universidad
de Alicante, 2015), Desdoblando
(Editum, 2014), Anónimos 2.1 (Festival
Cosmopoética, 2013). Ha publicado en revistas como El coloquio de los Perros,
Josefina la Cantante, Obituario o Seconal. Ha participado en La Mar de Letras,
dentro de la XXI edición del Festival La Mar de Músicas y en el Festival
Generacción, entre otros. Impulsa el proyecto editorial ad minimum microediciones.
Colabora en la revista Détour. Escribe menos de lo que quisiera en el blog Cuaderno
Portátil.
¿De
qué le salva la poesía?
No sé si salva. No sé si
libera. Sospecho que la escritura también abre grietas, crea hendiduras,
agujerea la realidad para de algún modo intervenir en ella. A veces escribir es
explorar ese abismo y en la práctica de la escritura uno se entretiene en ese borde
y lo estudia. Pero me gusta aquello que leí a Magris, aquello de que interpone
entre la soledad y él una red de palabras, que encuentra en los libros la
oración que recitan los salvados del naufragio.
¿Un
verso para repetirse siempre?
Para repetirnos siempre alguno
de Walt Whitman. El inicio de Canto a mí
mismo me parece una bella letanía. Una letanía luminosa.
¿Qué
libro debe estar en todas las bibliotecas?
Sería bueno que hubiera más
de uno.
Amor,
muerte, tiempo, vida… ¿cuál es el gran tema?
No hay tema menor.
¿Qué
verso de otro querría haber escrito?
Tantos…
¿Escribir,
leer o vivir?
Escribir, leer y vivir. Y
que el orden de los factores no altere el resultado. Aunque le diré una cosa, me
resultaría difícil vivir sin leer.
¿Dónde
están las musas?
Eso es algo inexplicable.
Virginia Wolf pedía una habitación propia. Proust necesitaba una forrada de
corcho. José Hierro no podía escribir fuera de bares y cafeterías. Me gusta
imaginarme las mañanas de Borges en la bañera meditando sobre si lo que había
soñado la noche anterior daría para un poema o relato. Luego está lo de Derrida
a la hora de escribir, que es algo que no deja de asombrarme. Sean musas o algo
más prosaico como las manías, aquello no deja de tener algo de inexplicable.
¿Qué
no puede ser poesía?
Como hipótesis supongo
que casi todo puede ser poesía o al menos sí que me parece que la poesía puede encontrarse
en cualquier medio de expresión que incluya las palabras. No creo que la poesía
sea algo sagrado.
¿Cuál
es el último poemario que ha leído?
Algunos de los últimos son
La imagen y su semejanza, de Javier
Moreno (La Garúa) y Siamesa, de María
Ramos (El Gaviero). Luego está Getsemani, KY, de Ernesto Cardenal, al
que llegué sin proponérmelo y un poco por casualidad. Algunos de sus poemas han
sido una lectura obsesiva.
Si
todos leyéramos versos, el mundo…
Explotaría o algo
parecido. Ya lo dijo Camilo Sesto: vivir así es morir de amor.
Tres
autores para vencerlo todo.
¿Papel
y lápiz, teclado o smartphone?
No es algo que me
preocupe excesivamente, aunque es cierto que necesito escribir a mano para
romper el hielo, digamos. En cierto modo, me gusta pensar que la escritura es una labor física, que escribimos con todo el
cuerpo, incluso cuando no es a mano.

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