Valeria Canelas
(La Paz, Bolivia, 1984)
Hace doce años Valeria Canelas viajó desde La Paz a Madrid
para estudiar Historia. Durante todos estos años, además de terminar una
carrera y un máster y trabajar en los lugares más variopintos, se ha ganado a
pulso su proclamación como fundadora indiscutible del Instituto Superior Felino
y celestina ocasional. Valeria Canelas no tiene conocidos, solo amigos. Todos
ellos saben que la guía del ocio madrileña permanece siempre actualizada en su
cabeza: tan pronto organiza una ruta de degustación de tortilla de papas como
arrastra multitudes a bailar electrocumbia. Ahora se encuentra en Indiana (Estados Unidos), requerida de nuevo por asuntos académicos. Y
sí, además de todo esto Valeria Canelas es poeta. Existen diversos testimonios
que lo corroboran: su blog edithoster.blogspot.com y haber participado en
algunas antologías y revistas. Es, además, una de nuestras autoras de la Panóptica Primera del Número CU4TRO.
Voy a empezar diciendo que responder este cuestionario me avergüenza y
emociona a partes iguales. Así que esos estados de ánimo se irán filtrando en
cada una de las respuestas, de manera
muchas veces imperceptible para mí. Hasta que pasados unos días vuelva a
leer el cuestionario y mis respuestas sólo me den vergüenza. Pero eso será
cuando el ego intente recuperar inútilmente lo que aquí he escrito como si
fueran palabras mías, como si estas palabras se hubieran convertido en un órgano
fantasma que nos (al ego, al cuerpo y a mí) vigila y señala. De todas formas,
sólo habrá intemperie y orfandad, y nada de esto tendrá importancia. Entonces, a fuerza de esa vacuidad, la
vergüenza irá desapareciendo hasta que entre lo escrito y yo sólo quedé una
especie de desconocimiento con guiños ocasionales y aterradores, como suele
pasar con todo lo que leo.
¿De qué le salva la poesía?
De tener
miedo a tener miedo. De creer que el lenguaje
es otra cosa distinta a la intemperie.
De caer en
la tentación de buscar una certeza absoluta.
De pensar
que la enfermedad y el dolor son signos
unívocos y estériles.
¿Un verso para repetirse siempre?
lo imposible
tan estúpido como lo real: no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas
Noches
Que, en realidad,
son dos versos (no me pude decidir) de
dos de los poemas que más veces he leído: Tabaquería de Álvaro de Campos
/Pessoa y Sala de Psicopatología de Alejandra Pizarnik.
¿Qué libro debe estar en todas las
bibliotecas?
Quizás cualquier libro de poesía escrito en una lengua diferente al
del propietario o propietaria de la biblioteca en cuestión. Y quizás digo esto
porque ahora que vivo en un país donde se habla una lengua que no domino me
siento un poco analfabeta (recuerdo a menudo el libro que lleva ese título de
Agota Kristof) y, usualmente, siento que nada de lo que leído hasta ahora me
sirve para superar la materialidad del lenguaje. A veces me pongo a leer en voz
alta poemas en la lengua del país donde
vivo, aunque probablemente pronuncie las palabras mal. Y por momentos siento
que me estrello con una pared justo en el instante en que se me está a punto de
revelar el sentido o algo que se le parece. Pero hay otros momentos en que creo
haber comprendido algo más allá de la comprensión racional y llegó a sentir la
misma emoción que me recorre cuando leo algo que me sacude en mi lengua
materna. Entonces, cuando intento traducir ese poema me encuentro con una
sensación parecida a la que tengo cuando escribo y cuando quiero decir buenas noches pero no es eso lo que
quiero decir.
Pensé que esta iba a ser mi respuesta más corta y se ha convertido en
la más larga. Mañana empiezo un curso de traducción, quizás me he extendido
porque llevo todo el día dándole vueltas a la intuición de que escribir quizás
sea traducir.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el
gran tema?
Lenguaje,
que es todos los temas y que no sería nada sin los temas, cualquiera de ellos.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Tantos.
Todos los que me han conmovido. Pero lo cierto es que al leerlos con tanta
emoción los he vuelto parte de mí y me los he apropiado. Siento que, de alguna
manera, cada vez que los he leído también los he escrito. Hay varias frases de Gadamer sobre esto que
me gustaría cita ahora mismo….pero (tópico) mi/la biblioteca está muy lejos.
¿Escribir, leer o vivir?
Me es muy
difícil establecer rígidamente las diferencias, como digo en la anterior
respuesta. Quizás lo indecible que ocurre en el espacio intermedio entre las
tres actividades. Es decir, las tres y,
aisladas, ninguna.
¿Dónde están las musas?
No están o
están muertas. Por eso ausencia es una palabra tan hermosa, porque tiene que
contener muertes, negaciones y espectros.
¿Qué no puede ser poesía?
Quizás la
certeza .
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
“Tratado de
las sensaciones” de Arturo Carrera.
Y antologías
y revistas de poesía en inglés.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
Sería
terrible y hermoso (como, por otra parte, ya es). Y quizás los objetos se
reafirmarían en su rol de restaurar el silencio, como diría Beckett.
Tres autores para vencerlo todo.
O para perderlo todo. Y que conste que esto no es una lista de mis favoritos
o algo así. Pero, sin duda, mi relación con el lenguaje (y los géneros, y las
certezas, y el cuerpo) se tambaleó violentamente con cada uno de ellos, en los
distintos momentos en que llegué a sus obras o sus obras llegaron a mí y lo
rompieron todo. (Ahora se me viene a la mente el verso de Roberto Juarroz: tal
vez lo roto sea.)
Jacques
Derrida
Alejandra
Pizarnik
Jean-Luc
Godard
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Papel y
bolígrafo, mayormente. Y, a veces, la luz artificial del ordenador. Aunque
últimamente he escrito cosas en el móvil y me los he enviado por mail, cosa
que, viniendo de mí que soy una retrógrada tecnológica, no deja de
sorprenderme.



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