LUIS BAGUÉ QUÍLEZ
(Gerona, 1978)
Es un poeta, ensayista y crítico español en lengua castellana nacido en Palafrugell (Gerona) en 1978. Es doctor en Filología Hispánica. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Telón de sombras (Madrid, Hiperión, 2002), El rencor de la luz (Talavera de la Reina, col. "Melibea", 2006), Un jardín olvidado (Madrid, Hiperión, 2007), Página en construcción (Madrid, Visor, 2011) y Paseo de la identidad (Madrid, Visor, 2014). En colaboración con Joaquín Juan Penalva, ha escrito el libro de poemas cinéfilos Babilonia, mon amour (Murcia, Universidad de Murcia, 2005) y la plaquette Día del espectador (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2009). También es autor de los ensayos La poesía de Víctor Botas (Gijón, Llibros del Pexe, 2004) y Poesía en pie de paz. Modos del compromiso hacia el tercer milenio (Valencia, Pre-Textos, 2006). Codirige la revista de poesía Ex Libris.
¿De qué le salva la poesía?
En realidad, me condena a ingresar en un extraño club cuyos miembros
padecen síndrome de Stendhal y manía persecutoria.
¿Un verso para repetirse
siempre?
“En fin, en fin, tras tanto andar muriendo”. Lo escribió el capitán
Francisco de Aldana antes de morirse definitivamente en el pudridero de
Alcazarquivir, donde por cierto desapareció el primer Elvis de la historia: el
rey Sebastián de Portugal.
¿Qué libro debe estar en todas
las bibliotecas?
Eso depende del espacio libre en las bibliotecas. Con la Biblia se podría anticipar toda la
historia de la literatura, pero sin el
Quijote no sabríamos reírnos de nosotros mismos. Para no andarme por las
ramas, pongamos los cuentos no tan cortos de Borges y Cortázar, los poemas
bálticos de Tomas Tranströmer y las novelas menos ejemplares de Roberto Bolaño.
Amor, muerte, tiempo, vida…,
¿cuál es el gran tema?
Todo forma parte del mismo ciclo, como en El rey león. Con todo, me interesa más contar el presente que
lamentar el pasado: si me dan a elegir, prefiero mirar por el parabrisas a
hacerlo por el retrovisor.
¿Qué verso de otro querría
haber escrito?
Cualquiera de Poeta en Nueva
York. Cualquiera de Conjuros.
Cualquiera de Tratado de urbanismo. Cualquiera
de Alzado de la ruina. Cualquiera de Habitaciones separadas. También tengo
debilidad por “Si lucho soy un serrucho”, de Carlos Edmundo de Ory. Y, sin
duda, mi medio verso favorito es una declaración de empirismo: “quien lo probó
lo sabe”.
¿Escribir, leer o vivir?
Vivir para leer y escribir para volver a vivir.
¿Dónde están las musas?
Según el poeta peruano Nilton Santiago, se han ido de copas. Ahí están
bien.
¿Qué no puede ser poesía?
Los sentimientos sin pasar por la túrmix; es decir, el sentimentalismo.
No me van las operaciones a corazón abierto, aunque sean operaciones retóricas.
Una cosa es la intimidad y otra el harakiri.
¿Cuál es el último poemario que
ha leído?
Por vicio y por oficio, nunca leo un solo poemario, aunque algunos los
lea incluso dos veces. En mi escritorio están Yo, chatarra, etcétera, de Alberto Santamaría, y Los allanadores, de Carlos Pardo. También
debe de andar cerca la antología Pasos
inciertos, de Claribel Alegría.
Si todos leyéramos versos, el
mundo…
Se caería a pedazos. Más o menos como ahora.
Tres autores para vencerlo todo.
Para ver mejor: John Ashbery. Para oír mejor: Claudio Rodríguez. Para
sentirse mejor: Wisława
Szymborska.
¿Papel y lápiz, teclado o
smartphone?
Demasiado viejo para lo tercero y demasiado joven para lo primero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario