ALEJANDO
COELLO HERNÁNDEZ
(Santa
Cruz de Tenerife, 1996)
Cursó el Bachillerato de Humanidades en el IES La Laboral obteniendo al finalizar el Premio Extraordinario de Bachillerato de Canarias. Ha recibido numerosos cursos de literatura y creación literaria y ha participado en recitales y charlas. Actualmente, realiza sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna que combina con la creación y la preparación de nuevos proyectos de difusión literaria.
¿De
qué te salva la poesía?
La
poesía nos salva de todo, incluso hasta de nosotros. La literatura es el único
medio que nos asegura la libertad, el poder de contactar con lo que tenemos detrás
de detrás de nosotros y del que nos lee. La poesía nos salva de desconocernos.
¿Un verso para repetirse siempre?
«Este
tiempo de amor nunca termine» de Luis Feria.
¿Narrativa, teatro, ensayo… o sólo poesía?
Sin
duda, todos los géneros. Es una aventura descubrir estas cuatro formas de
acercarse a la literatura. Cada una tan única y a la vez tan semejante. La
creación no es un trabajo fácil y ponerse en cuatro planos diferentes sirve
para conocer mejor los mecanismos de nuestro arte y sus géneros. También nos sirve para saber los límites e intentar
quebrantarlos. Por ejemplo, a veces ignoramos lo que tiene la narrativa de
poesía, o viceversa.
¿Qué otras disciplinas artísticas practicas?
La
literatura abarca todo mi tiempo, pero siempre querré ser bailarín.
¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?
Con
14 años. Quería ser todos aquellos a los que empecé a leer. Este principio me
ha servido para comprender que a la gente, aunque sea “tarde”, hay que ponerles
un libro en las manos y de los buenos. Tenemos que intentar trasmitir todo lo
que somos y sabemos.
¿Qué crees que define tu obra?
Si
pudiese afirmar con seguridad algo que hasta ahora esté presente en todo lo que
he escrito, tendría que decir que la literatura es el punto de retorno
continuo. Detrás de todos los textos, hay otros textos, intertextualidades,
guiños a aquellos escritores que no paran de asombrarme. También hay realidad,
una realidad poetizada que evoca lo que me rodea, lo que me enloquece, me nutre
y me mata. Todo lo mejor escrito posible, las palabras son traicioneras. Mi
“obra” no dejan de ser el reflejo de mis preocupaciones e inquietudes.
¿Crees que existe en las islas un estilo propio,
una manera particular de hacer poesía?
Como
apunta en un ensayo Andrés Sánchez Robayna, en esta microtradición literaria, sí
existen esencialidades que caracterizan a la poesía y, por extensión, a la
literatura de las islas. La insularidad, el aislamiento de ese mar que
poderosamente te persigue en todo momento, esa lejanía que existe entre las
propias islas, una percepción intimista y reflexiva del paisaje canario... Como
pueden ver, toda la realidad influye en la creación. Por si esto no valiese ya
como justificación, algunos críticos que se han acercado a esta literatura,
como Ángel Valbuena Prat o Martín Beux, han convenido en las peculiaridades de
la literatura en las islas. Sin embargo, aquí no se para de discutir sobre
asuntos terminológicos que dejan de lado la calidad de muchas obras.
Por
último, hay que aludir a un punto que siempre me gusta advertir y es el puente
que supone Canarias entre la literatura peninsular y la hispanoamericana, e
incluso con la extranjera en la primera mitad del siglo XX. Estamos en ese
mundo macaronésico que une las dos orillas del Atlántico.
¿La poesía está de moda?
Depende
de lo que consideremos poesía. Pero sin duda está ocupando un lugar importante
entre los jóvenes, aunque algunos no se quieren dar cuenta. Quizá, el problema
de la poesía de este siglo es el egocentrismo. No paro de repetirlo: leer
poesía está más allá de los cuatro egos que publican en la red o recitan en los
bares. Tenemos que concienciarnos de que antes de nosotros estuvieron otros.
Así, avanzaremos a una poesía más contemporánea y evitaremos sentirnos
originales por haber alcanzado un texto que hace mucho, de una manera similar,
escribió otro.
¿Crees que faltan referentes en la poesía?
Depende
de cómo se mire. En la actualidad, tanto árbol nos impide ver el bosque. Hay
miles de blogs, de publicaciones a diario en Internet e inevitablemente
muchísimas que no valen la pena pararse a leer. Eso causa agotamiento y
frustración. Sin embargo, hay muy buenos exponentes que seguro que marcarán la
poesía, porque ya lo están haciendo. Y escritores de calidad como estos que
publican junto a mí: Daniel María, Yeray Barroso o Covadonga García Fierro, a
los que he tenido el placer de leer. Además, como siempre insisto, los
referentes también están en lo que hemos leído y lo que nos queda por leer.
¿Qué pretende uno cuando escribe?
Ahora
que aún soy joven, cambiar el mundo. Un poema en los labios de una persona
puede cambiar todo el mundo del que escucha o al menos replanteárselo. Escribir
es una tarea, como ya he dicho, de reconocimiento. Cuando escribo, puedo
descifrar si yo sigo siendo yo o si “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa”
como escribió García Lorca. Puedo descifrar quiénes fuimos escuchando al
pasado, quiénes podemos y queremos ser. Cuando se escribe, se puede pretender
crear un mundo nuevo.
¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
Si
tuviese que elegir un imprescindible, sería Crimen y castigo de Fiodor
Dostoievsky.
Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran
tema?
Todos.
No hay tema que no se toque. El amor tiene tanto de muerte y vida como de
tiempo. Mientras vivimos, que es ir muriendo, amamos y todo eso solo se puede
dar porque somos tiempo, que se consume. Escribir es tocar todos esos temas,
muchas veces sin quererlo.
¿Qué verso de otro querrías haber escrito?
Me
conformo con escribir alguno de los soliloquios de Calderón en La vida es
sueño.
¿Escribir, leer o vivir?
Dice
un buen amigo mío que escribir y leer son palabras sinónimas. Probablemente
vivir sea parte de esa inseparable relación. Aunque debo confesar que ahora
leer y vivir pesan sobre la escritura. No se puede escribir livianamente.
¿Dónde están las musas?
En
ninguna parte. No existieron nunca. Cuando llegue la inspiración, que me
encuentre trabajando, así lo dijo Picasso. El arte es trabajo duro y la
inspiración no es otra cosa que una circunstancia. No todos los días tenemos el
cuerpo igual. Además, eso de las musas solo sirve para arrebatarle al artista
su esfuerzo. ¡A ver si las enterramos en este siglo!
¿Qué no puede ser poesía?
Poesía
no puede ser lo primero que nos brota del pensamiento, la poesía es una idea,
un instante que se dilata en el tiempo, que se elabora, se reelabora. No
podemos convertir a la literatura -ya no solo la poesía- en esas ideas
ingeniosas que se nos cruzan por la cabeza y publicamos en las redes sociales.
Sería desvalorar todo el trabajo y el esfuerzo que supone la creación
artística.
¿Cuál es el último poemario que has leído?
Por
razones académicas, Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío. Por
decisión propia, Odas de Ricardo Reis de Fernando Pessoa.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
sería
un caos. No pararían las discusiones literarias y quizá dejaríamos de robar en
las instituciones, de matarnos y odiarnos, de contaminar, de explotar a los
débiles. Estaríamos ocupados eligiendo entre Góngora y Quevedo.
Tres autores para vencerlo todo.
Ya he
dado muchos nombres y todos son invictos. Añadiría a José Emilio Pacheco,
Wislawa Zsymborska y Gustave Flaubert.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Papel y lápiz, luego paso al teclado. El
smartphone es una buen medio para las notas y guardar las obras.
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