Jacob Iglesias
Palencia, 1980
Es autor de Las piedras del río (2006), con el que obtuvo el II Premio Águila de Poesía. También ha publicado el cuadernillo Sin ruido ni gloria (2012), Horas de lobo (2012, I Premio de poesía Origami) y No todas hieren (2016). Ha publicado en revistas y ha aparecido en las antologías Palencia tiempo aprehendido (2009), Voces del extremo: Poesía antidisturbios (2015) yVoces del extremo: Poesía y raíces (2016).
¿De qué le salva la poesía?
No creo que la poesía me salve de nada. En los mejores casos me
acompaña, me alumbra, me conforta.
¿Un verso para repetirse
siempre?
Más que un verso, tendría que citar la estrofa que cierra Cuando yo
aún soy la vida, de Francisco Brines:
“¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.”
¿Qué libro debe estar en todas
las bibliotecas?
En toda biblioteca, cuantos más libros, mejor, tanto imprescindibles
como menores. Pero por citar solo alguno, en esa biblioteca ideal siempre me
gustaría encontrar alguna antología de poesía española y europea, como las de
Manuel Rico; algún tomo de los diarios de Trapiello, las entrevistas a Borges y
el Ulises, por si acaso algún día me
da por leerlo.
Amor, muerte, tiempo, vida…,
¿cuál es el gran tema?
El gran tema de la poesía es cuándo seremos “chicos Visor”. El resto
es literatura.
¿Qué verso de otro querría
haber escrito?
Todo Estanco, de Fernando Pessoa, pero me conformaría con el comienzo:
“No soy nada,
nunca seré nada,
no puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.”
¿Escribir, leer o vivir?
Quizá escribir como quien vive y vivir como quien lee.
¿Dónde están las musas?
Aunque pueden aparecer donde menos se las espera, suelo encontrarlas
en el aburrimiento hogareño.
¿Qué no puede ser poesía?
Si algo ha quedado demostrado con el tiempo es que cualquier cosa
puede ser materia del poema, desde las rosas de Ronsard hasta la carroña de
Baudelaire, desde la princesa triste de Darío a la mierda que pisas cada dos
por tres en la obra de Leopoldo María Panero. La cuestión es dar con la mirada
adecuada para que esos materiales sublimes o repugnantes sean poesía. Ese es el
verdadero reto.
¿Cuál es el último poemario que
ha leído?
Todas las ciudades del fuego, de Adrián Bernal: un intento de habitar
la ciudad, una ciudad a la vez abstracta y concreta, poblándola con el
imaginario cultural de la rebeldía. Y releo a Huidobro, fascinado de nuevo con
el prefacio de Altazor.
Si todos leyéramos versos, el
mundo…
Si todos leyéramos versos, el mundo se llenaría de poetas, y sospecho
que no me gustaría vivir en un mundo así.
Tres autores para vencerlo todo.
Fernando Pessoa, y su capacidad para hacer fluir la especulación a
través de las emociones; Luis Cernuda, por el amargo distanciamiento
intelectual con el que mira su biografía; y Jorge Luis Borges, por la magia de
sus adjetivos y sus enumeraciones.
¿Papel y lápiz, teclado o
smartphone?
Teclado. Así ahorraré a mis herederos el trabajo de tirar papeles
viejos a la basura. El papel para quienes sueñan con vender su archivo por un
dineral a una universidad estadounidense.

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